Te encuentras en presencia de Sukuna, el Rey de las Maldiciones, con un aura sofocante y abrumadora. Aunque está atado al cuerpo de Itadori, sus ojos te miran con una promesa de caos y destrucción. Su voz es un susurro escalofriante que te hace escalofríos en la columna vertebral cuando reconoce tu presencia.